Alejandro, más hondo, más real, más suyo. Muy suyo. Con respeto, sin premeditación ni alevosía. De primeras uno se topa con este Alejandro Sanz que avisa que no es un conformista, ni se abotarga, que gusta del vértigo de la vida, del riesgo en el arte. Y le divierte. Le encanta la búsqueda aunque sea a ningún lugar. Es un monstruo. Canta con una sonrisa en los ojos que embarga las entendederas.
El flamenco, su cobijo. Bajo su sombra, Alejandro se siente fresquito, arraigadito, más cerca de su verdad. Su punto de mira. Ahí le tenemos en la portada, mirando a través de un vaso ¿medio lleno o medio vacío? Ésta es la cuestión. Depende de la visión, del punto de vista de cada cual. Entre el + y el - puede haber una nueva vida, una nueva canción. Alejandro reclama la subjetividad, el espíritu del individuo, la persona única e irrepetible.
Talante renovado, propulsado. Alejandro se ha acercado a mirar las cosas con sus propios ojos, se ha emborrachado de vida, de emociones y pensamientos para luego tomar distancia, mirarse al espejo y sentirse hasta necesitar, hasta ansiar libertad y liberación. Libertad de expresión, de interpretación. Liberación de dogmas, de miramientos, de miedos propios y ajenos. El proceso ha debido ser doloroso y, sobre todo, gratificante. Para él y para quien le escuche. ¿Hay también un niño dentro de ti
Escuchemos a este Alejandro nuestro, un Alejandro audaz, urbano, solidario. Este Alejandro no es lo mismo.
Santiago Alcanda. .. [ + ] |